Un verdadero diluvio de imaginación – Miami Herald/Jordan Levin

Inmejorable acogida al espectáculo ‘Decir lluvia y que llueva’ de Kabia en el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. Miami herald – Jordan Levin. 17/07/2011

El director Borja Ruiz ha basado Decir Lluvia en los escritos del autor y poeta vasco Joseba Sarrionandia, así como en las creaciones de sus 9 intensos y talentosos actores que conforman este joven grupo de teatro experimental de Bilbao.
El resultado es el desfile denso e imponente de una imaginería artesanal creada de forma espléndida, que es atravesado por una perturbadora corriente subterránea, como si los sueños y las pesadillas estuvieran constantemente reventando y aflorando en la realidad. La sinopsis cuenta que Lluvia es la historia de un patio imaginario que hace referencia al paso de la infancia a la edad adulta.

El impacto de la obra reside principalmente en las imágenes escénicas, creadas de forma exquisita, que son de una imaginación salvaje. – Si bien Lluvia parece estar emocionalmente apagada, lo que si parece seguro es que sus imágenes pervivirán durante largo tiempo. Está diseñada completamente en negro, blanco, crema y gris, con salpicaduras calculadas de rojo. (Se debería otorgar gran crédito a la escenógrafa Alicia de Miguel, a la diseñadora de vestuario Azegiñe Urigoitia y al diseño de iluminación de Javier Garcia.) A veces, Lluvia parece una sucesión de pinturas surrealistas. (Los paraguas y los sombreros hongos que llevan los actores recuerdan el arte de Rene Magritte y de Salvador Dalí)>

Tres cantantes femeninas llamadas Hiedras (de un poema de Sarrionandia) miran a través de unos marcos colgantes, asomadas desde la cima de torreón que conforman unas largas columnas de tela blanca, mientras cantan relucientes armonías atonales. Tres habitantes, con largos abrigos grises y sombreros hongos, atraviesan con prisa el espacio, a menudo, con paraguas que laten como corazones palpitantes o con paraguas grises que hacen piruetas mientras arrojan espirales de arena o que llueven lluvia. Karol Benito es una tiritante mujer de hielo (basado en otro personaje de Sarrionendia) vestida con un largo abrigo rojo con nieve incrustada, que lleva en la mano un paraguas rojo del que gotean los mismos carámbanos de hielo que cuelgan también de su cara congelada. En uno de los pasajes particularmente precioso, los 3 habitantes manejan unos pequeños dispositivos de los que surgen espirales de agua mientras dan vueltas y giran creando con ello un deslumbrante caleidoscopio de agua.

Estas imágenes están intercaladas con los monólogos de Sar (Iosu Florentino), un personaje irónico cuya sombra siniestra-cómica (Joseba Uribarri), vestida impecablemente con abrigo y máscara de color negro no cesa en su empeño de cortar por su cuenta la relación. A su vez, Florentino amenaza con seguir a su sombra o con apagar la luz y hacerla desaparecer. Esta es una de las muchas imágenes donde los opuestos se funden entre sí, bien visualmente o en el texto. Florentino habla de un lugar donde la gente muere de hambre y de otro donde se come demasiado; una mujer se escribe una carta a sí misma.
Las palabras pueden llegar a empaparnos, dice Florentino. Y pregunta: ¿Cuánto tiempo deberíamos estar en silencio hasta secarnos?
La realidad no es tan sólida en Lluvia, sino permeable, fungible.
Debido a toda la belleza y riqueza de su imaginería, Lluvia parece fresca, abstracta – un sueño sin calor. Una ironía consciente rebaja cualquier momento que pudiera tener más gravedad o empuje emocional. La imagen final es la de los habitantes, con prisa bajo la lluvia, en un escenario iluminado de azul y con el suelo cubierto de arena, como una calle de invierno, la realidad como monotonía gris y destructora de la imaginación.

 

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